Por Daniel Aguirre
Tras enfrentar la pérdida de su propiedad y atravesar uno de los momentos más difíciles de su vida familiar y económica, Jaime Guajardo logró reconstruir su negocio y convertir la madera en el principal motor de su emprendimiento. Hoy, desde la Barraca del Paico, proyecta ampliar la fabricación y distribución de molduras y otros productos para la construcción.
La historia de Jaime Guajardo está marcada por el esfuerzo, las caídas y la necesidad de volver a comenzar. Lo que hoy es la Maderas El Paico, ubicada en Los Libertadores 1638, en la comuna de El Monte, comenzó después de una etapa en la que perdió gran parte de lo que había construido y debió enfrentar nuevamente el desafío de sacar adelante a su familia.
“Mi negocio empezó con una necesidad urgente de surgir y de cumplir con el propósito de un matrimonio, de surgir y criar bien a sus hijos”, recuerda Guajardo al hablar de los primeros años de su trayectoria como comerciante y roductor en exclusiva para elmaipo.cl y elmaiponegocios.cl
Su camino, sin embargo, estuvo lejos de ser lineal. Antes de dedicarse principalmente a la madera, había desarrollado un negocio de ferretería en general, donde contaba con algunas máquinas, entre ellas una sierra y una canteadora. Pero una fuerte crisis económica cambió completamente el rumbo de su vida.
“He pasado por malos momentos, pésimos momentos, que he perdido negocio, he perdido de todo, hasta mi hogar”, relata.
La situación coincidió además con una etapa familiar especialmente compleja. Guajardo tenía hijos pequeños y otros que ya se encontraban estudiando en la universidad. La pérdida de su propiedad y de su negocio significó un duro golpe, pero también se transformó en el punto desde el cual decidió comenzar nuevamente.
“Dentro de eso me fortalecí y empecé a salir adelante porque tenía niños chicos y tenía que cumplir como papá”, explica.

La madera como nuevo comienzo
Después de aquella crisis, Guajardo consiguió instalarse en el lugar donde actualmente funciona la Barraca del Paico, emprendimiento que mantiene desde hace más de 15 años. En esta nueva etapa contó también con la experiencia de su padre, quien había trabajado anteriormente en el rubro de la ferretería en Talcahuano, principalmente abasteciendo a la industria.
El nuevo negocio comenzó nuevamente ligado a la ferretería, pero poco a poco la madera fue adquiriendo un papel central.
Guajardo comenzó a incorporar nuevos proveedores y a trabajar distintos productos, entre ellos tablones y piezas utilizadas habitualmente en la construcción. Con el tiempo, y una vez que el negocio comenzó a estabilizarse, dio un nuevo paso: importó desde Brasil una maquinaria que le permitió ampliar considerablemente la producción.
“Esa maquinaria yo puedo fabricar lo que quiera: pisos, cielos, tinglados, media luna, guardapolvos”, señala.
La incorporación de tecnología permitió que la barraca no dependiera únicamente de la comercialización de madera, sino que también pudiera elaborar productos terminados y molduras destinados a distintos usos en construcción y terminaciones.
Ese proceso también le permitió recuperar parte de la estabilidad económica que había perdido y volver a proyectar su vida familiar.
La pandemia y el despegue del negocio
Si hubo un momento que marcó definitivamente la consolidación del emprendimiento, para Guajardo fue la pandemia de COVID-19.
Mientras gran parte de las actividades económicas enfrentaban restricciones y dificultades, el comerciante observó un fenómeno distinto: muchas personas que permanecían en sus casas comenzaron a destinar recursos a reparaciones, ampliaciones y mejoras de sus viviendas.
“Estaba toda la gente encerrada y no tenía qué hacer, invirtió su plata en arreglar sus domicilios, sus casitas o para entretenerse por último”, recuerda.
Ese aumento de la demanda significó un impulso importante para su negocio.
“Ese ya fue el despegue total”, afirma.
Con el retorno de la actividad habitual, Guajardo reconoce que aquel crecimiento extraordinario disminuyó y que actualmente el mercado se encuentra en una etapa más normalizada. Sin embargo, asegura que el negocio logró consolidarse y que ahora enfrenta una nueva etapa de expansión.
Nuevos productos y la apuesta por las molduras
Actualmente, una de las principales proyecciones de la Barraca del Paico está relacionada con la fabricación y distribución de molduras.
El objetivo de Guajardo es fortalecer la relación con proveedores, especialmente para acceder a madera proveniente del sur del país y con procesos de secado en cámara, buscando mantener una oferta de mayor calidad.

“El propósito mío es ampliarlo a ser distribuidor de esos productos”, explica.
La estrategia ya comenzó a dar resultados. Según cuenta, actualmente comercializa molduras con algunas ferreterías y busca aumentar progresivamente ese mercado.
A ello se suma la posibilidad de incorporar nueva maquinaria que le permita incrementar la capacidad de producción.
“Estoy pensando en comprarme otra maquinaria para poder sacar buen material”, adelanta.
Para Guajardo, el crecimiento no necesariamente significa convertirse en una gran empresa, sino alcanzar los objetivos que se propuso cuando decidió comenzar nuevamente.
“Ya no fui millonario, pero es un buen negocio, y logré el objetivo de darle estudio a mis hijos y tener un pasar relativamente bueno”, sostiene.
Cinco hijos y una herramienta para la vida
Detrás de la expansión del negocio existe también una motivación profundamente familiar. Jaime Guajardo tiene cinco hijos, quienes han seguido caminos profesionales diferentes.
Uno estudió Trabajo Social; otra es química farmacéutica; otra optometría; uno actualmente estudia Ingeniería en Minas, mientras que la menor cursa estudios de Logística.
Los dos últimos todavía reciben apoyo de su padre y, cuando sus horarios se los permiten, también colaboran en la barraca.
Pero Guajardo no espera necesariamente que sus hijos continúen con el negocio familiar. Su prioridad, dice, es que puedan desarrollar sus propias vidas y ejercer las profesiones que eligieron.
“Yo he decidido que mis hijos hagan lo que a ellos les gusta, no lo que me gusta a mí”, afirma.
Esa visión está directamente relacionada con su propia experiencia. Guajardo no tuvo una formación universitaria y describe su trayectoria empresarial como una verdadera universidad de la vida.
“Yo no tengo estudio, yo tengo la universidad mía en la vida, que me dio hartos porrazos, pero he sabido sacarle provecho”, reflexiona.
Para él, entregar una profesión a sus hijos significa proporcionarles una herramienta que nadie puede quitarles.
“Yo me voy a dar por pagado cuando ellos estén posicionados con sus profesiones”, señala.
La frase resume buena parte del sentido que tiene el trabajo para este productor y comerciante de El Monte: el negocio no solo representa una fuente de ingresos, sino también el resultado de años de esfuerzo destinados a construir una base para su familia.
Una barraca atendida por su propio dueño
Después de más de una década y media en su actual ubicación, la Barraca del Paico busca seguir creciendo a partir de la experiencia acumulada por Guajardo, la fabricación de productos de madera y una oferta orientada tanto a clientes particulares como a otros negocios del rubro.
El comerciante invita a los vecinos de El Monte y del territorio del Maipo a conocer el local y consultar por sus productos.
“Tengo buenos valores acá en la Barraca del Paico, en Los Libertadores 1638, en la comuna de El Monte. Cuando quieran, atendido por su propio dueño y con buen personal”, concluye.



